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domingo, 20 de junio de 2010

Compañeras

Recibí una visita de lo mas inesperada. Eran dos mujeres hermosas, una de ellas era alta y de cabellos negros que caían sobre sus hombros cual torrente de aguas. Su rostro inmaculado y sin marcas denotaba una presteza impresionante. Sus labios eran finas hendijas que parecían no haber realizado una sonrisa en su vida. Sus ojos eran negros como la misma oscuridad y me miraban fijamente sin siquiera pestañear. A su lado se encontraba otro ser que competía en belleza, pero a diferencia de la otra, esta transmitía en su mirada una tristeza infinita, sin fin. Sus cabellos eran grises y largos, muy largos, tocaban casi el suelo de tan largos que eran. Su rostro era bellísimo, pero se veía opacado por esa mirada triste, ida, casi sin vida. Me saludaron y la sangre se heló en mis venas.
-Hola Laureano, ¿sabes quienes somos?
Sin pensarlo asentí, muy dentro mio lo sabía, tanto como sabía que jamás en mi vida las había visto.
- Hemos venido a quedarnos contigo, nuestra compañía será la única que tendrás, por un tiempo.
Un gemido involuntario salió de mis labios. Al instante caí postrado delante de ellas y lloré amargamente, como nunca antes lo hice. Por mi mente pasaban pensamientos fugaces pero uno solo eclipsó a todos los demás: ¿Porque Dios? ¿Porque!? Pero no oí su voz, mis oídos estaban cerrados, la presencia de estas criaturas había embotado todos mis sentidos.
Y así quedé, por un largo tiempo solo, en compañía de la Soledad y de la Tristeza.

Al despertar sentí todo mi cuerpo dolorido. Las sábanas estaban mojadas de tanto que había llorado. Miré hacia todos lados en la oscuridad de mi habitación, no había nadie mas que mi presencia, aunque no estaba tan seguro de ello...



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"Le queda poco tiempo de uso"

Eso me dijo hace un rato un ser bellísimo, con cabellos dorados que poseían su brillo propio, tez blanca sin arruga alguna con rasgos delicadisimos pero que denotaban una sabiduría increíble la cual solo se adquiere con la experiencia y el transcurrir del tiempo. Sus ojos eran grandes pozos negros que me miraban desde lo más profundo y hacía que sienta lo miserable que fue toda mi experiencia en esta tierra. Estaba con un atuendo un tanto hosco y desgastado, el cual era todo negro y que tenía una capucha demasiado grande y que ocultaba toda su faz cuando se la colocaba. En su mano derecha tenía un báculo demasiado viejo como para creer que pudiese seguir existiendo, pero era solo la apariencia ya que en su extremo tenia una cuchilla gigante afiladísima la cual cortaba aún el aire mismo.
Al verla quedé anonadado sin entender el porque de sus palabras. Luego de pasado el estupor inicial mi cerebro comenzó a funcionar y entender sus palabras. Al hacerlo mis hombros cayeron pesados y grandes lágrimas cubrieron mis ojos. Con la garganta cerrada por el nudo que tenía en ella le dije si se refería a mi vida y ella asintió.

Me queda poco tiempo de uso, pienso, pero cuando me pongo a pensar en cuanto tiempo es solo aparece un gran signo de interrogación.

Quizás a nadie le importe, pero a todos nos queda poco tiempo de uso. Solo espero que cuando me llegue el día alguien se acuerde de mí.

Saludos.